Yaiza Temprado
Crecer hacia dirección

Miedo a equivocarme en el trabajo: cómo decidir sin tenerlo todo claro

Tienes una decisión encima de la mesa. No es enorme, pero importa. Y no terminas de verla clara. Así que pides un dato más. Lo hablas con una persona más. Lo dejas para el lunes, que tendrás la cabeza más fresca. Y el lunes sigues igual.

Mientras tanto, la decisión no espera. La acaba tomando tu jefe, o el calendario, o no la toma nadie y el problema se hace más grande.

Y cuanto más subes, más pasa, porque las decisiones son más grandes y la información nunca está completa.

Lo que cambia cuando subes

Como manager, te han valorado por no fallar: entregar a tiempo, que no se escape nada, que todo salga bien. Ese miedo a equivocarte te ha hecho muy buena en tu trabajo.

Pero a partir de cierto nivel, lo que se espera de ti es otra cosa: QUE DECIDAS. Con la información que tengas, aunque sea imperfecta. Y eso quiere decir que a veces te vas a equivocar.

Lo cuento en cómo conseguir un ascenso en el trabajo: es uno de los cambios en la forma de pensar que marcan si estás preparada para el salto a dirección.

Mejor un plan malo que ningún plan

Empecemos por lo básico: mejor tener un plan, aunque sea malo, y cambiarlo después, que no tener ninguno. Un plan se puede corregir. La ausencia de plan, no.

Fíjate en la diferencia entre estas dos frases:

  • «Estoy pensando en cancelar el workshop porque no sé si estamos preparados.»
  • «Por ahora lo cancelo, y le pongo fecha nueva cuando tengamos A, B y C.»

Es la misma decisión. Pero la primera suena a alguien que no sabe lo que hace, y la segunda, a alguien con un plan.

Y cuando no tienes ni siquiera eso, lleva el plan del plan: «Esto es en lo que estoy trabajando, este es el plan con la información que tenemos hoy, y lo iremos afinando según sepamos más».

La claridad llega con el movimiento (no al revés)

La frase que más me gusta de este tema es esta: la claridad llega con el movimiento, no al revés. Porque muchas veces esperamos a verlo claro para empezar. Pero casi siempre es al revés: empiezas a moverte, y es entonces cuando las cosas se aclaran. Aparece la información que te faltaba, ves qué funciona y qué no, y alguien te dice lo que no sabías.

Y si te has equivocado, pivotas.

Cuando te has equivocado: pivota rápido. Una vez propuse un cambio en mis equipos. Lo hablé con todo el mundo, convencí a mi jefe y a su jefe, y hasta mandé un email anunciándolo.

Unos días después, una persona del equipo me pidió un rato y me explicó, punto por punto, por qué el cambio no era buena idea. Tenía información que yo no tenía. Y tenía razón.

Después de comerme mi ego dolido, revertí el cambio. Y en cada conversación dije lo mismo: «Ha surgido información nueva y, a la vista de eso, el nuevo enfoque es este».

Lo que de verdad habría costado caro es mantener un cambio equivocado por no quedar mal.

Ponte una fecha límite para decidir

En muchos casos no vas a ganar más claridad simplemente por esperar. Ojo, porque esperar se siente prudente, pero casi nunca te da la información que te falta: solo te da más tiempo para darle vueltas. Y muchas veces, con la ansiedad subiendo porque la decisión sigue ahí, pendiente.

Así que ponle fecha, y no te la saltes. «El jueves decido.» Y el jueves decides con la información que tengas.

Saca la decisión de tu cabeza

Muchas veces intentamos decidir con toda la información dentro de la cabeza. Y ahí no cabe: das vueltas, se te mezcla lo importante con lo que no, y cada opción parece igual de mala.

Cuando la pones sobre la mesa, cambia. A mí me gusta mucho usar el 1-3-1:

  • 1 problema: qué tienes que decidir, en una frase.
  • 3 opciones: con sus pros, sus contras, sus riesgos e implicaciones.
  • 1 recomendación: la que eliges y por qué.

Con todo delante, se ve mucho más claro cuál es la mejor decisión. Y si la tienes que llevar a tu jefe, ya la tienes preparada. Lo cuento con un ejemplo en cómo hablar con tu jefe de un problema.

Juzga la decisión por lo que sabías

Si dentro de tres meses ves que una decisión fue errónea, no te fustigues. La tomaste con la información que tenías en ese momento.

«He tomado la mejor decisión con la información que tenía.»

Una decisión no es mala porque salió mal. Es mala si, con lo que sabías entonces, había una opción claramente mejor y no la viste.

Y piensa en cuántas decisiones tomas al día. En alguna te vas a equivocar. No te atasques en esa si has acertado todas las demás.

Entrena el músculo con decisiones que no importan

Si te cuesta muchísimo decidir en general, te propongo un ejercicio para hacer músculo: entrenar la capacidad de decidir con cosas que no tienen ninguna consecuencia.

  • Qué vas a comer en un restaurante.
  • Qué ropa te vas a poner hoy.
  • Qué serie empiezas esta noche.
Viñeta en dos partes. A la izquierda, en un restaurante de noche, una mujer con una carta abierta se lleva la mano a la frente sin decidirse, mientras el camarero espera con la libreta y cara de impaciencia: «Si no decides el sábado…». A la derecha, la misma mujer en una sala de reuniones, con un documento abierto y la misma cara, mientras tres compañeros esperan su respuesta mirando el reloj: «…tampoco el lunes».

Ponte un minuto. Ni uno más. Y lo que elijas, eso es.

Decidir es un músculo. Y no se entrena el día del presupuesto, se entrena con la carta del restaurante.

Preguntas frecuentes

¿Cómo superar el miedo a equivocarme en el trabajo?

No esperando a que se vaya. El miedo no desaparece antes de decidir: baja después, cuando ves que equivocarte tenía arreglo. Ponle fecha a la decisión, sácala de tu cabeza con el 1-3-1 y decide con lo que tengas. Y si te equivocas, pivota pronto.

¿Por qué tengo miedo a tomar decisiones?

Casi siempre porque te han valorado durante años por no fallar, y decidir sin toda la información se parece mucho a arriesgarte a fallar. No es un defecto: es una costumbre que te ha funcionado. Lo que pasa es que, a partir de cierto nivel, deja de funcionar.

¿Y si la he cagado de verdad?

Va a pasar. Fustígate 10 minutos como mucho, y luego hazte cargo: dilo tú, antes de que se enteren por otro lado, y llega con un plan para mitigar el impacto. Algo como «Soy responsable de este error. El impacto es este, y este es el plan para mitigarlo». Quien reconoce un error y se pone a arreglarlo gana muchísima más confianza que quien intenta esconderlo, porque casi siempre se nota.

¿Cómo tomar buenas decisiones en el trabajo?

Una buena decisión es la que tomas bien, aunque luego salga mal: a tiempo, con las opciones sobre la mesa y sabiendo qué harías si se tuerce. Cómo salga no depende solo de ti.

¿Se puede trabajar en una mentoría?

Sí. En el programa Presencia ejecutiva trabajamos las decisiones que tienes encima de la mesa esta semana: cómo plantearlas, cómo llevarlas a tu jefe y cómo sostenerlas cuando no lo tienes todo claro.

Si no sabes si es para ti, reserva el diagnóstico gratuito de 15 minutos. Y si quieres que lo pague tu empresa, aquí te cuento cómo pedírselo.

Newsletter

No te lo pierdas

Escribo sobre comunicación, influencia, reuniones, presencia y cómo liderar en la era de la IA: hacerte escuchar y no dejarte por el camino. Te mando 2-3 emails al mes, no más, para que cuando te llegue uno tenga chicha.