Yaiza Temprado
Presencia ejecutiva

Me han dicho que me falta presencia ejecutiva. ¿Y ahora qué?

Te lo dicen en la evaluación de desempeño o performance review. O en una sesión de feedback con tu manager. O justo cuando planteas que te toca un ascenso: «Todavía no es el momento para el siguiente nivel, te falta presencia ejecutiva».

Y no haces más preguntas, pero tampoco entiendes muy bien qué acaba de pasar. Le das vueltas y más vueltas. ¿Tengo que hablar más en las reuniones? ¿Cambiar mi forma de ser? ¿Hacer más networking? ¿Qué es exactamente lo que me falta?

A mí me pasó, y durante mucho tiempo no entendía a qué se referían. Me faltaba «algo», pero es muy difícil mejorar algo que no sabes describir.

Así que hice lo único que se me ocurrió: preguntar y observar. Pedí feedback a otras personas de la organización. Me fijaba en la gente de mi alrededor que, para mí, tenía esa presencia. Cómo comunicaban. Cuándo hablaban y cuándo no. Cómo se comportaban cuando algo se torcía. Y, sobre todo, cómo reaccionaba el resto de la sala cuando hablaban ellos.

Acabé convertida en una experta en observar a los demás. Y lo que veía era mucho más concreto que «presencia ejecutiva».

Por qué esa frase no te sirve

Porque suena a algo binario: o la tienes o no la tienes. Y nadie te explica en qué consiste, ni cómo se consigue.

Viñeta de cómic: en la sala de un castillo, un rey con corona y capa roja toca con la espada el hombro de una mujer con armadura, arrodillada, y le dice «Ya tienes presencia ejecutiva».

Mira, la frase es tan vaga porque mete en el mismo saco un montón de cosas pequeñas:

  • Cómo te expresas: el tono, las palabras que eliges y las que te sobran.
  • Cómo presentas una idea, y si llegas con una recomendación o con un abanico de opciones.
  • Lo que dice tu cuerpo mientras hablas, y mientras hablan los demás.
  • Cuándo hablas y cuándo te callas.
  • Cómo cuentas lo que haces: por las tareas o por lo que le aporta al negocio.
  • Cómo influyes en decisiones que no son tuyas.
  • Cómo te mueves con las personas que deciden, dentro y fuera de las reuniones.
  • Cómo reaccionas cuando algo sale mal. Y cuando sale bien.
  • Tu discernimiento: qué problemas subes a tu jefe y cuáles resuelves sin subirlos.
  • Cómo sostienes un desacuerdo con alguien de más rango.

Y muchas veces, quien te lo dice tampoco lo tiene identificado del todo. Nota que algo falta, pero no sabe ponerle nombre.

Qué es, aterrizada

Si tengo que darte una definición que sirva para algo: presencia ejecutiva es cuánto pesa lo que dices en la sala donde se decide.

Ese peso no se pierde de golpe. Pero tampoco se gana de golpe.

Yo me lo imagino como un vaso de agua. Cada cosa que haces es una gotita: cómo contribuyes en una reunión, cómo te posicionas, cómo hablas, cómo te mueves. Unas meten agua en el vaso y otras la sacan. Y lo lleno que esté es lo que hace que los demás te vean con más seniority o con menos.

Una gotita sola no se nota. Diez tampoco. Pero diez al día, todos los días, y el vaso se llena o se vacía.

Así que el trabajo tiene dos partes: dejar de perder gotas y empezar a ganarlas.

Dónde se te van las gotas

Hay muchísimas. Estas son cinco de las que más veo en mentoría.

  • Pasarle la pregunta a quien tiene más rango

    Se pierdeTe preguntan a ti y dejas que conteste tu jefe, o la persona con el cargo más alto de la sala. Tú lo vives como respeto. Lo que se lee es que ahí no pintas nada, y la siguiente pregunta ya no te la hacen a ti.

    Se ganaContestas tú. Aunque sea con un «esto lo miro y mañana te digo algo».

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  • Explicar lo que nadie te ha preguntado

    Se pierdeDas una respuesta y detrás van tres motivos que nadie te ha pedido. Parece que te justificas, y cada justificación le quita peso a lo que acabas de decir.

    Se ganaDices la respuesta y te callas. ¡No rellenes! Si quieren saber por qué, ya te lo preguntarán.

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  • Subir problemas sin propuesta, o subirlos todos

    Se pierdeLe llevas a tu jefe un problema y esperas a que decida él. O le llevas todos, aunque sea con solución. En los dos casos, lo que le llega es que todavía no distingues qué merece su tiempo.

    Se ganaDiscernimiento. Resuelves lo que es tuyo, y lo que subes llega con una recomendación.

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  • Reaccionar a todo con mucha emoción

    Se pierdeUna mala noticia te descoloca y se te nota. Una buena te dispara igual. Quien reacciona fuerte a todo transmite que las cosas le pueden.

    Se ganaTemplanza. Te tomas las cosas en serio, lo bueno y lo malo, pero con calma. Gestionar tus emociones es lo que te permite gestionar las de los demás.

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  • Contar tu trabajo en tareas

    Se pierdeExplicas todo lo que has hecho, paso a paso. Quien te escucha se queda con el esfuerzo y se olvida del resultado.

    Se ganaLo cuentas por el impacto en el negocio: qué ha cambiado, y cuánto tiempo, dinero o riesgo se ha ahorrado.

Qué hacer cuando te lo dicen

Lo primero, pedir ejemplos. En el momento, si puedes: «¿Te refieres a que hablo poco en las reuniones? ¿A cómo me expreso? ¿Me puedes dar un ejemplo concreto?».

Si en ese momento no te lo saben dar, que no se escape. Pídele que te avise la próxima vez: «Cuando lo vuelvas a notar, ¿me lo dices en el momento?». (Y si vuelve a pasar sin ejemplo, repites pregunta.)

No pares hasta que puedas volver a tu sitio sabiendo qué vas a hacer distinto el lunes.

Pide feedback a más gente. No solo a tu jefe: a otros líderes de la empresa, a personas de su nivel, a quien te haya visto presentar o participar en una reunión. Cada uno se ha hecho una idea de cómo trabajas, y cada uno ve un trozo distinto.

Y observa. Fíjate en la gente que para ti tiene presencia ejecutiva, o que ya está en el puesto al que quieres llegar. Cómo habla, cuándo, qué hace cuando alguien le lleva la contraria. Y cómo reacciona la gente a su alrededor.

Preguntas frecuentes

¿La presencia ejecutiva es algo con lo que se nace?

No. Si fuera un rasgo, no la tendrías en una reunión para perderla en la siguiente. Y eso pasa: hay salas donde hablas con toda la tranquilidad y otras donde te cuesta que te escuchen. Son tácticas y hábitos. Las tácticas se aprenden. Y los hábitos se cambian.

¿Es lo mismo que saber hablar en público?

No. Hablar en público es una parte pequeña. Hay gente que lo borda en un escenario y pierde todo el peso en una reunión de seis personas en cuanto entra alguien de más rango.

¿Se puede trabajar en una mentoría?

Sí. Para eso está el programa Presencia ejecutiva: seis sesiones sobre tus reuniones, tus stakeholders, tus conversaciones y tu empresa reales, empezando por ver dónde estás perdiendo autoridad sin darte cuenta.

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Escribo sobre comunicación, influencia, reuniones, presencia y cómo liderar en la era de la IA: hacerte escuchar y no dejarte por el camino. Te mando 2-3 emails al mes, no más, para que cuando te llegue uno tenga chicha.